La salud mental, el papel de las mujeres en el mercado laboral, la maternidad, las relaciones sentimentales y de amistad... Todo esto se trata con un humor muy ácido en Se tiene que morir mucha gente.
Con seis capítulos de media hora y renovada para una segunda temporada se ve rapidísimo y entretiene, aunque, en ocasiones, deja un regusto algo amargo.
Bárbara (Anna Castillo, Un cuento perfecto) es la única mujer guionista en un programa liderado por un misógino y cuyas audiencias van de capa caída. Su talento no es reconocido y sufre una depresión. Es adicta a los ansiolíticos y ve a su versión de niña todo el rato, que la boicotea con comentarios dañinos.
Su mejor amiga y compañera de piso Maca, trabaja de camarera a la espera de que su fallida carrera como actriz despunte mientras busca el amor.
Elena (Macarena García, La otra mirada y El Ministerio del tiempo) ha cumplido su sueño tras casarse con un maduro ricachón que la mantiene. Está embarazada de nueve meses y en su nuevo círculo social la llaman Helen. Sin embargo, la aparición de sus dos amigas de la infancia en la fiesta de su bebé provoca que deje todo para mudarse con ellas.
Una depresión y una crisis vital conviviendo juntas. ¿Quién da más? Pese a su tono de humor, hace reflexionar sobre el autoboicot y los estereotipos sociales. Muy recomendable.




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