La quinta temporada de Emily en París combina sus habituales fabulosos escenarios de la capital gala con otros de Roma y Venecia. ¿Quién da más?
Vemos a una Emily más madura y menos positiva en algunos momentos.
La trama arranca con Emily feliz en la ciudad eterna, gestionando la cuenta de Marketing de la familia de su novio Marcello. Sin embargo, las cosas no salen como esperaba y el lanzamiento de la marca es demasiado exitoso para la matriarca. Esto provoca que Emily vuelva a París compuesta y sin novio.
Su relación con Marcello tendrá idas y venidas a lo largo de los capítulos. Se reconcilian y le ayuda a lanzar su carrera como diseñador, aunque terminan separándose porque él quiere establecerse en Italia y ella desea continuar en Francia. Gabriel aparece en momentos concretos y queda una puerta abierta a que retomen su historia en el futuro.
Laboralmente la delegación de la agencia en Roma fracasa y Sylvie se ve obligada, tras una jugarreta económica de su marido, a introducir como socia a la princesa Jane.
La vida sentimental de Sylvie no avanza en exceso y resulta un poco más de lo mismo.
Mindy inicia un romance secreto con Alfie, que pone en jaque su amistad con Emily, pero acaba volviendo con Nico y comprometiéndose con él. Esta nueva pareja me ha sorprendido y conquistado a partes iguales.
En cuanto a los estilismos son tan espectaculares como siempre, con la protagonista llevando un corte de pelo más corto e impecable.
Netflix ha confirmado que la sexta será la temporada final de la serie y que una parte se rodará en Grecia. Les echaremos de menos.
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